Pocas conversaciones generan tanta tensión en los equipos de tecnología como la que confronta modernización del legacy con inversión en tecnologías emergentes. De un lado, la presión por innovar: implementar inteligencia artificial, explorar blockchain, desplegar agentes autónomos. Del otro, la realidad operativa: sistemas core que llevan décadas funcionando, que sostienen el negocio y que no se pueden apagar sin consecuencias graves. La trampa está en creer que hay que elegir un camino. La realidad es que el éxito depende de encontrar el equilibrio entre ambos.
El espejismo de invertir solo en lo emergente
La narrativa de las tecnologías emergentes es seductora. Las promesas de productividad exponencial con IA generativa, de transparencia absoluta con blockchain, de automatización inteligente con agentes autónomos, generan un entusiasmo legítimo. Pero cuando esos proyectos se intentan implementar sobre infraestructura que no fue diseñada para soportarlos, los resultados suelen ser decepcionantes.
Modelos de IA que necesitan acceder a datos que están atrapados en bases monolíticas sin APIs. Agentes autónomos que no pueden interactuar con sistemas ERP de hace 15 años. Proyectos de tokenización que requieren integraciones con plataformas que no soportan estándares modernos. El resultado es un cementerio de pilotos que funcionaron en el laboratorio pero nunca llegaron a producción porque la infraestructura subyacente no estaba lista.
El peso del legacy: el camino más seguro pero más lento
El enfoque opuesto -- concentrar toda la inversión en modernizar la infraestructura existente antes de pensar en innovación -- es más conservador pero tiene sus propios riesgos. La modernización completa de un core bancario, un sistema de gestión de red eléctrica o una plataforma de seguros puede llevar años. Mientras tanto, los competidores que encontraron formas de innovar sin esperar a tener todo moderno capturan mercado, atraen talento y establecen estándares que luego son difíciles de alcanzar.
Además, la modernización pura rara vez genera entusiasmo organizacional. Los equipos de negocio quieren ver impacto tangible, no solo mejoras de infraestructura que son invisibles para el usuario final. Sin la promesa de innovación visible, es difícil mantener el compromiso ejecutivo y el presupuesto necesario para un programa de modernización de largo plazo.
El balance como estrategia
Las organizaciones que navegan esta tensión con éxito no eligen un extremo. Desarrollan una estrategia explícita que balancea tres elementos.
- Modernizar lo esencial: Identifican qué componentes del legacy son cuellos de botella reales para la innovación y los modernizan primero. No intentan reescribir todo: se enfocan en las capas de datos, las APIs y los puntos de integración que desbloquean las iniciativas más valiosas.
- Invertir con propósito: Seleccionan proyectos de tecnología emergente que tienen una conexión clara con resultados de negocio medibles y que pueden funcionar con la infraestructura actual o con modernizaciones acotadas. No persiguen la última tendencia: persiguen valor.
- Seguridad en ambos mundos: Garantizan que tanto los sistemas modernizados como las nuevas iniciativas cumplan con los estándares de seguridad y compliance que su industria requiere. La seguridad no puede ser un add-on para lo nuevo ni un supuesto para lo viejo.
Por qué es tan difícil lograr el balance
Si la estrategia es conceptualmente simple, la ejecución es extraordinariamente compleja. Las organizaciones enfrentan barreras reales que no se resuelven con un framework bonito.
Presupuestos rígidos
Los presupuestos de tecnología suelen estar compartimentados: un bucket para mantenimiento, otro para proyectos nuevos. Mover dinero entre categorías requiere aprobaciones que llevan meses. Esta rigidez impide la asignación flexible que un portfolio balanceado necesita. Las organizaciones que resuelven esto crean presupuestos unificados de transformación con governance propia.
Silos culturales
Los equipos de operaciones que mantienen el legacy y los equipos de innovación que exploran tecnologías emergentes suelen operar en mundos separados, con métricas distintas, incentivos distintos y hasta vocabularios distintos. Sin mecanismos explícitos de coordinación, sus agendas divergen y los proyectos que requieren ambas perspectivas quedan huérfanos.
Escasez de talento dual
Es difícil encontrar profesionales que entiendan tanto los sistemas legacy como las tecnologías emergentes. Los especialistas en mainframes no suelen saber de IA, y los expertos en blockchain rara vez han trabajado con ERP de hace dos décadas. Esta brecha de talento hace que los proyectos de integración sean más lentos y costosos de lo que deberían ser.
Gobernanza lenta
Los procesos de aprobación diseñados para proyectos de IT predecibles no funcionan para iniciativas que requieren iteración rápida. Cuando un proyecto de IA necesita tres meses de aprobaciones para acceder a datos del sistema legacy, la ventana de oportunidad se cierra antes de que el equipo pueda empezar.
Recomendaciones para encontrar el equilibrio
- Construir un portfolio balanceado: Asignar inversión explícita tanto a modernización como a innovación, con métricas de éxito diferenciadas para cada frente. No medir un proyecto de modernización con métricas de innovación ni viceversa.
- Medir por resultados de negocio: Tanto la modernización como la innovación deben vincularse a outcomes de negocio concretos. Reducción de costos operativos, aumento de ingresos, mejora de time-to-market, reducción de riesgo. Las métricas técnicas son necesarias pero no suficientes.
- Modernización progresiva: En lugar de intentar reescribir todo de una vez, adoptar un enfoque progresivo que moderniza lo que desbloquea más valor primero. APIs sobre sistemas legacy, capas de datos accesibles para IA, interfaces que permitan integración con nuevas tecnologías.
- Crear laboratorios de integración: Espacios donde los equipos de legacy y los equipos de innovación trabajen juntos probando cómo las tecnologías emergentes se conectan con la infraestructura existente. Estos laboratorios reducen el riesgo de los proyectos de integración y aceleran el aprendizaje.
- Elegir socios especializados: Trabajar con proveedores que entiendan ambos mundos -- que tengan experiencia tanto en modernización como en tecnologías emergentes -- evita la fragmentación de proveedores y garantiza que las decisiones de arquitectura contemplen el panorama completo.
El costo de no balancear
Las organizaciones que no encuentran este balance pagan un precio alto. Las que solo modernizan pierden relevancia competitiva. Las que solo innovan acumulan deuda técnica y proyectos que no escalan. Las que no hacen ninguna de las dos cosas enfrentan obsolescencia acelerada mientras sus competidores más ágiles capturan el mercado.
En Xcapit entendemos esta tensión porque la vivimos con nuestros clientes todos los días. Somos una software factory evolucionada que combina capacidades de modernización con expertise en tecnologías emergentes. Nuestro Innovation Lab es un espacio donde el legacy y lo emergente se prueban juntos, bajo estándares de seguridad ISO 27001. Trabajamos con utilities energéticas que necesitan conectar SCADA con plataformas de datos de renovables, con bancos que necesitan integrar scoring de IA con cores transaccionales de hace 20 años, y con organizaciones internacionales que necesitan soluciones blockchain compatibles con infraestructura existente en países con conectividad limitada.
Si tu organización está atrapada en la tensión entre modernizar y innovar, probablemente no necesite más diagnósticos sino un plan de ejecución que aborde ambos frentes. En Xcapit diseñamos ese plan y lo ejecutamos. Conocé cómo trabajamos o contactanos para hablar de tu caso.
Fernando Boiero
CTO & Co-Fundador
Más de 20 años en la industria tecnológica. Fundador y director de Blockchain Lab, profesor universitario y PMP certificado. Experto y líder de pensamiento en ciberseguridad, blockchain e inteligencia artificial.
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